“Cartagena: del ADN campeón a la urgencia de una mentalidad ganadora”

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Cartagena analiza profundo deterioro deportivo y plantea urgente y necesaria reconstrucción cultural para recuperar identidad histórica de campeones

Por Hegel Ortega Madero. Cartagena fue, durante décadas, sinónimo de triunfo. En los años 40, 50, 60, 70, 80 y 90, la ciudad paría campeones como quien pare brisa: natural, constante, con orgullo. En el béisbol, la mayoría de los hombres de la Selección Colombia salían de estos barrios calientes de sol y pelota. En 1947, con Petaca Rodríguez, Chita  Miranda y Julio Isidoro Flores, se celebró una Serie Mundial en casa. En 1965, Isidro Herrera volvió a poner el brazo cartagenero a la altura de México y del continente.

 

El boxeo convirtió a la ciudad en capital del coraje. Bernardo Caraballo abrió el camino; Antonio Cervantes “Kid Pambelé” encendió el faro; Rodrigo Valdés y una pleya completa de campeones mundiales hicieron de Cartagena tierra de puños gloriosos. En el fútbol, Jaime Morón marcó época y luego vinieron Roger Martínez, Carrascal, Wilmar Barrios, mundialistas, selección, élite.

 

Pero hoy la historia duele. Real Cartagena lleva más de una década atrapado en la B, pese a inversiones, técnicos de renombre, refuerzos de peso y respaldo institucional. El béisbol, con Tigres, roza la gloria, llega a finales, pero se queda corto. Hay estadios, hay dinero, hay apoyo, hay gobierno, hay patrocinio. Lo que parece faltar es algo más profundo: la mentalidad que antes hacía de Cartagena una fábrica de campeones.

 

Los alcaldes y gobernadores pueden garantizar puentes, colegios, hospitales. En el deporte, no. El resultado depende de la cabeza, del alma, del carácter competitivo. Y ahí está el nudo: Cartagena necesita una reingeniería cultural del deporte, una formación que no solo enseñe a jugar, sino a creer, a resistir, a cerrar, a ganar.

 

No es un problema de talento, porque el talento sobra. Es un tema de identidad, de amor propio, de entender que representar a Cartagena no es solo ponerse un uniforme, es cargar una historia que exige grandeza. La ciudad que fue cuna de campeones tiene que volver a pensarse a sí misma como tal. Porque la infraestructura se construye en cemento, pero la mentalidad ganadora se construye en la cabeza y en el corazón. Y esa obra, hoy, es la más urgente.