

El histórico boxeador cartagenero fallece dejando emotivo legado deportivo tras gloriosa carrera olímpica y profesional internacional
Por Hegel. Ortega Madeto
Las brisas de Bocagrande, principal balneario de Cartagena, se sintieron inusualmente frías este 5 de febrero. El cielo grisáceo parecía acompañar la despedida de un hombre que hizo de esas playas su refugio cotidiano. Era como si el alma de Bonifacio “El Bony” Ávila, habitante frecuente de ese litoral, se estuviera despidiendo en silencio del mundo terrenal.
El Bony, como cariñosamente se le conocía, fue uno de esos personajes profundamente enclavados en la historia deportiva de La Heroica. Su partida deja un dolor hondo entre los amantes del boxeo y del deporte cartagenero, una ausencia que nos ubica en tiempos de quiebre, cuando se añora el valor y la gallardía de guerreros que marcaron una época y que hoy ya no están. Leyendas que, como él, merecerían un museo que honre la grandeza de sus gestas y la relevancia de sus acciones.
Quienes conocimos al gran Bony lo recordamos como un hombre de carácter amable, servicial y cercano. Tenía una memoria fotográfica: evocaba con precisión cada uno de sus combates, cada round, cada rival. Nació en el departamento de Sucre, pero Cartagena lo adoptó como propio y él la representó como una insignia deportiva de marca mayor.
Bonifacio Ávila representó al departamento de Bolívar y a Colombia en los Juegos Olímpicos de Múnich, Alemania, en 1972, un año glorioso para el boxeo nacional. En esas justas, Colombia conquistó dos medallas de bronce con Alfonso Pérez y Clemente Rojas, y meses después, en octubre, el título mundial wélter junior de Antonio Cervantes “Kid Pambelé” terminó de consagrar una época dorada del pugilismo colombiano.
Tras su paso por el olimpismo, dio el salto al boxeo profesional. Combatió entre 1973 y finales de los años setenta, recorriendo el mundo y dejando huella en cada escenario. Llenó la Plaza de Toros de Cartagena, peleó en Estados Unidos, Sudáfrica, Puerto Rico y Argentina y terminó recalando en Canadá. En cada presentación mostró el talento de un boxeador técnico y la fiereza de un peleador implacable.
Nacido el 5 de junio de 1950 en medio de la pobreza, El Bony fue pescador antes de ser boxeador. Un día decidió entrar a un gimnasio y ese gesto sencillo le cambió la vida. A los 75 años dias antes de su partida podía contar, con la serenidad de quien ya vivió intensamente, que compartió ring en sesiones de sparring con Rodrigo Valdés, el gran rival de Carlos Monzón, en tiempos en los que “hacer guantes” era una verdadera batalla. “Me descuadró la quijada me conto varias veces”, recordaba sin rencor, con respeto por la grandeza del otro.
No fue campeón mundial, pero eso nunca definió su valor. Por encima de los títulos, El Bony fue un ejemplo de vida. Cuando decidió colgar los guantes, lo hizo fiel a su palabra: había prometido que si perdía “una pelea más”, se retiraba. Y cumplió. Dejó atrás una campaña de 29 peleas, con 17 victorias, nueve de ellas por nocaut, señal inequívoca de su tremenda pegada.
La salud no siempre lo acompañó en los últimos años, pero jamás perdió la sonrisa ni el don de gentes. Nunca dejó de atender a un cliente, de hacer una broma o de recordar su paso por el ring. “Cabral me ganó, era muy bueno”, decía con honestidad y respeto, como quien entiende el boxeo y la vida desde la nobleza.
Su quiosco —en realidad, un restaurante casi al aire libre, típico de Cartagena, con más de setenta mesas— se convirtió en un punto neurálgico de Bocagrande, frente al Hotel Caribe. Allí, mientras muchos pasaban simplemente a comer bien, otros lo hacían para llevarse algo más: una foto, una anécdota, una lección de vida narrada por un hombre que peleó contra el mundo y nunca dejó de ser pueblo.
Bonifacio “El Bony” Ávila no se fue del todo. Permanece en la memoria deportiva de Cartagena, en las historias contadas frente al mar, en el respeto silencioso de quienes saben que hay campeones sin cinturón, pero con legado eterno.
Cartagena despide hoy a un águila que voló alto.
Y que nunca dejó de ser del pueblo.