
Por: Hergel Ortega Madero
Terminó la participación del Junior de Barranquilla en Cartagena con saldo deportivo de un triunfo, un empate y una derrota. Pero más allá de los resultados, la verdadera victoria fue de una ciudad que se puso el frac y le mostró al continente su mejor versión.
Visitantes de Perú, Paraguay, Brasil y distintas regiones de Colombia llegaron a una Cartagena organizada, viva, turística y preparada para recibir eventos internacionales. El estadio Jaime Morón, sin necesidad de tener 50 mil u 80 mil espectadores, respondió con comodidad, logística, seguridad, accesos modernos, camerinos adecuados y una puesta en escena digna de competencias de talla mundial.
Hoy el mundo habla de Cartagena. Habla de una ciudad con capacidad para organizar grandes acontecimientos deportivos y culturales. Habla de autoridades comprometidas, de una ciudadanía que empieza a creer en un modelo competitivo y de una economía que se dinamiza desde el turismo, el entretenimiento y el deporte.
Sí, hubo un hecho doloroso al inicio de la competencia, donde un joven perdió la vida por culpa de la violencia absurda de unos pocos desadaptados. Un episodio lamentable que no representa el espíritu de la ciudad ni de la inmensa mayoría. El responsable ya fue capturado y afronta el proceso judicial correspondiente.
Pero Cartagena decidió no quedarse en el miedo. Decidió avanzar.
Y hoy ya no solamente es destino histórico y turístico. Cartagena también es destino deportivo. Tiene fútbol, béisbol, running, maratones, surf y una industria del entretenimiento que sigue creciendo con grandes espectáculos y artistas internacionales como J Balvin, Maluma, Silvestre Dangond y Marc Anthony.
En los barrios ya se siente otra energía. Más integración, más movimiento económico, más sentido de pertenencia. Cartagena hoy tiene el porte de una ciudad imponente ante el mundo y la Copa Libertadores simplemente confirmó lo que muchos ya sabían: esta ciudad está lista para jugar en las grandes ligas.